Aprender buenos modales y normas de educación

Los buenos modales de los niños
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Lograr que nuestros hijos aprendan buenos modales y normas de educación es una meta que no se puede alcanzar en un abrir y cerrar de ojos. Sin agobiarles ni presionarles, debemos tratar de enseñarles esas numerosas y pequeñas costumbres que les resultarán muy útiles el día de mañana en su vida personal y en sus relaciones sociales.

Conseguir que los niños sean educados y hagan gala de unos buenos modales es un objetivo que debemos comenzar desde que son pequeños, por eso, frases como "ya aprenderá cuando sea mayor" hay que desterrarlas.

Los niños amables y educados tienen un algo especial que les hace encantadores. Con la adquisición de hábitos como la amabilidad y los buenos modales, los niños crecerán con las herramientas necesarias para desenvolverse ante cualquier situación. Se trata de que los niños se dirijan a los demás con delicadeza, que piensen en cómo se sienten sus amigos en vez de bromear cruelmente con ellos, que sepan dar de su tiempo en casa y con los amigos, que sepan cómo portarse en cualquier situación, que hayan adquirido buenas maneras y modales al comer, al vestirse y lavarse.

Consejos para educar a los niños en los buenos modales

Son muchas las pequeñas costumbres y modales que podemos ir inculcando a nuestros hijos desde muy pequeños para que lleguen a ser niños elegantes.

1. Cuida el equlibrio. Siempre hay que cuidar el equilibrio entre la dejadez y la preocupación excesiva. Unos escrúpulos exagerados, o la incapacidad para soportar pequeñas molestias, es un extremo al que tampoco debemos conducirles. Y esto depende mucho de la personalidad de cada niño, los hay muy activos y revoltosos, por lo que tendremos que estar más pendientes de ellos, pero también hay niños más tranquilos y ordenados, a los que podemos dejar un poco a su aire.

2. Respeta su criterio. El objetivo es que, al tiempo que aprenden a comportarse, vayan formando también su propio criterio, para evaluar en qué situaciones es pasable estar embadurnados de barro, cuándo deben ir impolutos...etc.

Todos sabemos que hay circunstancias en las que mancharse no sólo es disculpable sino hasta buena señal, como es jugando en el parque, haciendo un pastel... En cambio, resultaría inadecuado aparecer en una celebración familiar con lamparones. Nuestros comentarios, las medidas que tomemos y las explicaciones que les demos lograrán que nuestros hijos formen su propio juicio y actúen en consecuencia.

3. Educa con el ejemplo. El mejor maestro es el ejemplo: a estas edades es fundamental que los niños nos vean hacerlo, desde mucho antes que se lo exijamos.

4. Elogia siempre que puedas. No olvides una regla de oro: las alabanzas y los elogios, en educación, son mucho más efectivas que cualquier reprimenda. Prueba a destacar lo bueno, pues tendrá mucho más efecto sobre su voluntad que castigarles. Los padres solemos cometer el error de dirigir frases negativas hacia nuestros hijos en lugar de estimularlos positivamente, lo que en muchas ocasiones puede desanimarle o entristecerle. 

Conchita Requero
Asesores: Lucía Herrero, orientadora familiar.

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