Actualizado 18/11/2020 13:26 CET

Peleas con amigos, ¿saludables o peligrosas?

Las peleas con los amigos son inevitalbes, pero pueden traer algo positivo
Las peleas con los amigos son inevitalbes, pero pueden traer algo positivo - ISTOCK

Desde que nuestro hijo va al colegio se suceden con cierta frecuencia las peleas y los enfados con sus amigos de clase y de la calle. Se encuentran en una edad en la que tienen que aprender a vivir en sociedad, a respetar las reglas y las personas, a tener en cuenta a los demás... Pero no siempre lo consiguen. No hay que inquietarse: las peleas con las amigos suelen responder a un normal desarrollo de su personalidad.

Todos los chicos han de pasar alguna vez por el mal trago de una pelea. O, al menos, por el de un enfado algo violento. En principio, suelen deberse a un encontronazo de personalidades distintas entre los compañeros de clase, los de la pandilla, es decir, con los que se relaciona más. Como son niños no saben resolverlo más que con insultos (primer paso), empujones y, al final, una pelea.

Poco a poco deben ir aprendiendo que los problemas no se solucionan con las manos. Por tanto, peleas, enfados con compañeros, insultos, etc. son una normal evolución del proceso de socialización de los hijos que van adquiriendo, día a día (casi sin darnos cuenta), una mayor autonomía.

Peleas saludables con los amigos

Una pelea puede comenzar por cualquier motivo. Incluso, los más amigos de los amigos pueden llegar a pelearse por cualquier tontería. Más que peleas propiamente dichas, consisten en una serie de empujones y, como mucho, conseguir tirar al otro al suelo. En pocos casos se pegan puñetazos o patadas.

Estas peleas suelen durar poco tiempo y no tienen ninguna importancia. Aunque sean peleas, son peleas entre amigos: es el modo inmaduro de relacionarse entre los chicos de esta edad, pero es un modo de relacionarse. Ellos mismos acabarán haciendo las paces al poco tiempo. En más de un caso, un chico ha encontrado a su mejor amigo después de pelearse con él.

Los padres han de actuar lo menos posible en este tipo de peleas, además de que no lo pedirán los chicos. Es bueno que ellos resuelvan sus propios problemas del modo que saben. Que defiendan sus posturas y sus puntos de vista, aunque hemos de ir enseñándoles que los empujones y puñetazos no arreglan nada.

Peleas peligrosas

Otro tema distinto son las peleas causadas por chicos conflictivos, por inseguridades, etc. Puede que en la clase de nuestro hijo haya algún compañero especialmente fuerte que la haya tomado con él y tiranice a los demás. Nuestro hijo no tendrá la culpa, pero se verá envuelto en muchos conflictos.

También puede ocurrir que el conflictivo sea nuestro hijo. Agresivo, violento, recurre a la fuerza siempre que puede cuando está con sus amigos e, incluso, en casa, tiene arrebatos de ira.

Por último, nuestro hijo puede ser sistemáticamente machacado a causa de su simplicidad y timidez. Ha estado siempre sobreprotegido y mimado y no es capaz de hacer frente a los problemas. No llega a integrarse del todo en el grupo y como no tiene amigos es fácil blanco de las burlas de los demás.

Conductas agresivas

En las conductas agresivas subyace un sentimiento de inferioridad que el chico trata de anular compensando esa inferioridad, mostrándose precisamente agresivo. Casi todos los comportamientos agresivos crónicos son la expresión de sentimientos de profunda inseguridad, carencia afectiva, frustración, dificultades y problemas escolares, sentimiento de incompetencia, baja autoestima, etc.

Por eso es fundamental formar a los niños en el cuidado y respeto de las personas y de las cosas, educar su sensibilidad enseñándole a cuidar de los animales y plantas, del pequeño recién nacido, de los mayores, etc. En la relación con otros niños de la escuela debe motivarse para que sepa compartir y sea generoso prestando ayuda a los demás, colaborando, siendo sincero, limpio, ordenado...

Evitar la violencia

Cuando las peleas son las normales y pasajeras, que se dan de vez en cuando entre los amigos, probablemente ni nos enteraremos de ellas, pues no son problemáticas. Sin embargo, el chico puede crear inseguridades y miedos que le afecten en el futuro si se ve en vuelto en peleas sin ton ni son por su propio carácter o por el de los demás.

Es el típico caso del chico al que le gusta muchísimo el colegio, tiene muchos amigos pero hay uno en clase, más fuerte o lo que sea, al que le cae mal y le hace la vida imposible. Este chico puede llegar a aborrecer el colegio, por ejemplo, y hay casos en los que conviene, tras hablar con los profesores, cambiarle de clase o, incluso, de colegio. No pasaría nada si fueran más mayores, ya adolescentes: pero ahora sí puede crear problemas.

Peleas con amigos, ¡no gracias!

En todo caso, lo mejor es:

1. Evitar, siempre que sea posible, las peleas.
2. No alarmarse cuando el chico se pelee; sólo cuando le afecta especialmente.

Podemos enseñar a los niños a rehuir la violencia. Por ejemplo, evitando los estímulos que suelen provocar conductas agresivas: que permanezca en calma ante insultos y provocaciones, que utilice el sentido del humor, que ignore a quien pretende provocarlo, que no entre en el juego de los empujones, etc.

Pero, sobre todo, importa mucho que nosotros estemos atentos a reducir ciertos estímulos agresivos, como gritos, amenazas, humillaciones, privaciones de derechos y oportunidades... que desencadenan casi siempre respuestas agresivas y violentas.

Habilidades sociales para evitar peleas con amigos

Además, podemos enseñar a los niños habilidades sociales y formas eficaces para contrarrestar la agresividad y violencia de los demás. Por ejemplo, que aprenda a compartir; que sepa ganarse a un compañero, por ejemplo, defendiéndole ante todos y haciendo causa común con él ante el profesor, aprovechando momentos de tranquilidad para hacerse amigo suyo... Si él se preocupa de ver las cualidades de los demás, de no humillar a nadie... ser más dificil que se meta en peleas.

Otras técnicas: que sepa desdramatizar y no asustarse ante las bravuconadas de los matones. Que sin ser desafiante aprenda a tener calma y serenidad y, si le llaman débil o cobarde, no intente demostrar nada enzarzándose en peleas. Que demuestre su fortaleza en otros campos (siendo el primero en ayudar a llevar cosas, etc.).

Eso sí, cuando parece que no queda otro camino, debería no dejarse avasallar nunca, aunque le cueste algunos revolcones. No debe buscar las peleas, pero tampoco rehuirlas por sistema. Si ha de venir a casa llorando porque le han pegado, mejor que venga habiendo atizado él también al otro. A estas edades, entre los 6 y los 12 años, no son peligrosas, siempre que su causa sea un encontronazo casual entre dos personalidades.

De todas maneras, hay que enseñarles a pedir perdón ("demuestra más valentía el que pide perdón") y a desdramatizar y olvidar las ofensas y enfados. Hay algunos chicos que tienen una habilidad especial para escabullirse de peleas y de situaciones comprometidas: eso puede enseñarse y puede convertirse en la mejor defensa.

Si tenemos sospechas (desgarrones en la ropa, arañazos, moratones) es bueno ir a hablar con los profesores para saber cómo se comporta nuestro hijo y de qué tipo son sus peleas allí. Nos podrán orientar muy bien si nuestro hijo necesita soluciones drásticas o son temas triviales.

En definitiva, hemos de apoyar a nuestro hijo en cualquier caso. Que vea que sus padres están de su parte, que comprenden sus motivos y no los castigan además del mal rato de la pelea.

Consejos para evitar las peleas con amigos

- Tenemos que reducir al mínimo las ocasiones y condiciones en que la conducta agresiva resulte provechosa para el chico o chica. Si por medio de las peleas consigue los bocadillos de los demás, o que le dejen el sitio porque más le gusta... 

- Es importante procurar que nuestro hijo vaya reduciendo gradualmente el contacto (y el ejemplo: televisión, comics) con sujetos agresivos que puedan servirle como modelo.

- Al mismo tiempo hemos de facilitarles la relación con niños de comportamiento pacífico que saben compartir, respetar y colaborar con los demás y rara vez recurren a la violencia.

- Debemos reforzar sus conductas positivas y sociales con alabanzas y premios. Cuando ayuda a los demás, cuando se porta bien, alabar un buen ejemplo que sale en la televisión, etc.

- Hay que hablar mucho con el chico, pero no en el momento de la pelea o del enfado. Cuando está tranquilo y calmado le haremos ver el porqué de su conducta inaceptable.

- Podemos establecer con él/ella unas reglas de juego en el trato con sus amigos más conocidos (que han venido por casa alguna vez), con los vecinos, con los primos, etc.: Si surge alguna discusión, no vale pegar; no insultos fuertes; enseñar a ceder...

En la práctica

Hay que enseñarle a estar seguro de sí mismo y a ser consciente de su propia capacidad de autocontrol... Sería conveniente, en los tiempos que corren, y para incrementar su autoconfianza, animarles a practicar con asiduidad un deporte que mejore su desarrollo físico y muscular y que le proporcione seguridad, por ejemplo, el dominar un arte marcial (judo, karate...). No con el objetivo de atacar, sino con el de adquirir seguridad.

Ricardo Regidor
Asesoramiento: Gerardo Castillo. Doctor en Ciencias de la Educación y Subdirector del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Navarra

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