Actualizado 08/02/2021 09:26 CET

Garabatos, la importancia de estos primeros dibujos en el desarrollo infantil

El garabateo es un ejemplo del desarrollo de los más pequeños.
El garabateo es un ejemplo del desarrollo de los más pequeños. - ISTOCK

El desarrollo de un niño es un proceso lento y en el que se implican diversos elementos. Aunque, a priori, un padre pueda pensar que cierta actividad no tiene mayor relevancia en su hijo lo cierto es que está influyendo. Un ejemplo es el garabateo, esas pinturas que parecen no tener forma y tratan de asemejarse a algo que los más pequeños han visto alrededor.

Y es que tal y como indican desde Piscodiagnosis estos primeros dibujos son la base sobre la que va asentándose las habilidades pictográficas de los niños. Al fin y al cabo, son expresiones gráficas de algo que tienen en su mente y que plasman sobre el papel. Una práctica que ayuda al desarrollo de otras capacidades como la escritura o la motricidad fina de las manos.

Del garabato a la escritura

Este equipo de especialistas indica que el garabato supone la primera expresión gráfica de lo que más adelante serán trazos que evolucionarán hasta ser dibujos o escritura. El niño comienza a hacerlos a partir del año y medio de vida. Sus intenciones no son la de presentar formas reales de figuras y objetos. Aunque sí que pueden dar algunas pistas del temperamento y afectividad que manifestarán los niños.

Estos primeros contactos con los lápices o ceras de colores suponen una labor de exploración para los niños. Estarán condicionados por sus limitaciones de capacidad y escasa destreza visomotora. Al igual que sucede con otros aspectos en el aprendizaje de los niños, cada pequeño es un mundo y tendrán su propio proceso y ciclo. Por lo que no hay que alarmarse si se aprecia lentitud.

Si el garabato no aparece en la edad que corresponde o no evoluciona con la rapidez que se espera hacia el dibujo concreto o la escritura, no hay que preocuparse. Hay niños más precoces y otros más lentos, no hay que confundirse y pensar que existe un retraso en el desarrollo o que el menor cuente con menos capacidades. Pero siempre será positivo potenciar y motivar al niño en esta evolución.

Evolución del garabato en los niños

A partir del segundo año el niño ya es capaz de ir dando forma a los garabatos. Ya no solo se tratan de líneas inconexas, sino que se aprecian agrupamientos de trazos en formas con contornos. Se trata de sus primeros intentos de representar objetos del mundo real. Su nivel de maduración no les permite una gran definición, pero poco a poco se irá mejorando el nivel.

Es el momento en el que empiezan a experimentar con diferentes colores. En esta etapa se pueden apreciar algunos rasgos del temperamento de los niños. Entre los dos y los cinco años el niño es capaz de dibujar círculos y combinarlos hasta crear nuevas formas. Son dibujos que se asemejan a objetos y figuras humanas, pero sin llegar al nivel de detalle suficiente para su identificación.

Es hacia los tres años cuando se pueden apreciar las primeras formas que identifican personas u objetos. El dibujo tiene una intención clara de comunicar situaciones, personajes o emociones. A los cuatro años el niño depura su técnica y la figura humana evoluciona hasta incluir elementos más completos como cuerpo y brazos, es habitual que la cabeza sea más grande de lo normal o que se incorpore el cabello.

Hacia los cinco años las estructuras cognitivas evolucionas. La figura humana es identificable y presenta la mayoría de los elementos: cabeza, cuerpo y extremidades. Nariz y orejas quizás todavía no aparezcan, pero el niño es capaz de realizar dibujos distintos dotando a cada persona de diferentes rasgos, manifestando la capacidad de observación del entorno.

De los cinco a los seis años el dibujo está consolidado. Cada niño es capaz de tener un estilo propio y esta técnica es un escaparate en el que manifiesta sensaciones y emociones. Ahora las figuras interactúan con objetos creando escenas que representan una realidad muy concreta donde el pequeño transmite deseos o alguna vivencia.

Damián Montero

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