Mitos del hijo único

Mitos del hijo único
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Existe una serie de mitos que, en ocasiones, hacen referencia a los niños únicos y que no tienen por qué ser ciertos siempre y cuando los padres hayan llevado un estilo educativo y unas pautas adecuadas para evitarlo. Si esos mitos del hijo único existen es, precisamente, porque puede resultar fácil que lleguen a ellos por el modo en el que se les está educando. Pero no tiene por qué ocurrir así.

Los mitos del hijo único

Algunos de los mitos de la personalidad de los hijos únicos son estos rasgos característicos:

- Egocéntricos: Si están acostumbrados a que todo el mundo esté pendiente de ellos y a que todo lo que les rodea sea para ellos. En este caso pueden llegar a pensar que el mundo está a sus pies.
- Egoístas: A veces tienen todo lo que quieren y lo más problemático es tener lo que quieren en el momento que quieren.
- Consentidos: No están acostumbrados a un "no" porque siempre consiguen lo que piden.
- Caprichosos: Al tener todos los recursos en su mano, logran manipular la situación para que en ningún momento les falte lo que quieran y piensan que la vida va a ser siempre a sí.
- Mimados: Por ser únicos, a veces, están en una burbuja en la que sólo reciben los afectos positivos y pocas veces negaciones y riñas.

Consejos para padres

- Es beneficioso compensar la excesiva convivencia del niño con los adultos, haciendo lo posible para que se relacione con pequeños de su misma edad.
- Se han de dosificar los agasajos, carantoñas y mimos. A veces los abuelos, los tíos y los propios padres se exceden en alabanzas y blanduras que solo contribuyen a debilitar o reducir la confianza en sí mismo.
- Evita caer en la tentación de hacerle aquellas cosas que él mismo puede hacer por sí solo.
- Evita que los lazos de dependencia entre los padres y el hijo único sean tan fuertes que impidan el pleno desarrollo y autonomía psíquica y afectiva, no logrando adquirir una personalidad definida y un criterio propio
- El contacto con los niños de su edad es muy importante para la socialización de los hijos, por lo que puede procurarse el que se relacione, quizá con mayor frecuencia que en otros casos, con los primos o familiares cercanos. En estas visitas, hay que procurar no entrometerse demasiado en los enfados, dejándoles que se les arreglen solos; actuaremos cuando lo veamos necesario, únicamente.

Evita sobreproteger a tu hijo

Cuando los padres tienen tiempo para dedicar de manera plena a su hijo porque no hay otros niños que demandan su atención, a veces, caen en el error de la sobreprotección, de darles todo y de hacer todo por ellos. Hay que tener claro que no porque tengamos mayor capacidad o recursos, tanto de tiempo como de dedicación o de recursos materiales, vamos a educar mejor a los niños. A los hijos habrá que darles sólo lo que necesiten, ni más ni menos.

Dentro de esa necesidad, lo más importante es la atención. Los niños necesitan ser atendidos pero no ser sustituidos. Tenemos que hacerles autónomos, ponerles en situación de esfuerzo, que vean que las cosas suponen un sacrificio, aunque realmente para nosotros sea fácil darles lo que necesiten. Sin embargo, no se lo tenemos que hacer evidente porque pueden convertirse en niños caprichosos, acostumbrados a conseguir lo que quieren cuando quieren.

Es importante, también, para educar al hijo único, hacerles ver que tienen unas necesidades y que nosotros, como padres, vamos a estar ahí para ayudarles a  cubrirlas, pero tienen que saber que los demás también las tienen y tienen que ayudarles y estar pendientes de ellos. Hay que educar en la generosidad y en el hecho de prestar atención al resto para evitar, de este modo, el egoísmo.

Exceso de autoestima

Para cada padre sus hijos son únicos, especiales y así debemos hacerles sentir a ellos. Sin embargo, cuando hay hermanos, los niños saben que para nosotros son muy importantes, pero que nuestro cariño, afecto y la valoración que podemos hacer de ellos no solamente es para ellos, sino que sus hermanos también la reciben. En cambio, los hijos únicos pueden llegar a pensar que son los mejores y los más* en todo.

Por eso, a la hora de valorarles, de reforzar positivamente sus conductas y todo lo que hacen bien, no debemos caer en el error de hacerles sentir siempre los mejores. El refuerzo positivo es una muy buena pauta educativa pero siempre haciéndoles ver la realidad. No debemos elevar en exceso su autoestima para que no piensen que no hay nadie mejor que ellos, porque pueden convertirse en niños déspotas con dificultades en sus relaciones con los demás en el futuro, y a nivel personal cuando descubran la realidad.

Conchita Requero
Asesora: María Campo. Directora Centros Educativos Kimba

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