Juegos y juguetes, ¿sabemos jugar con nuestros hijos?

¿Sabemos jugar con nuestros hijos?
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Jugar con niños entre tres y seis años es un reto al que muchos adultos no saben enfrentarse. Ya no son los bebés a los que cualquier carantoña les hacía felices, ni tampoco chavales que ansíen entrar en nuestro mundo de adultos. ¿Sabemos jugar con nuestros hijos?

¿Cómo introducirnos en su mundo de juego y fantasía, donde impera una lógica aplastante, pero radicalmente distinta a la nuestra? ¿Cómo creer que somos el lobo feroz o la abuelita de Caperucita? La respuesta es tan sencilla como ésta: volviendo a ser niños.

Sólo si hacemos un esfuerzo de abstracción, y nos ponemos en el lugar de nuestro hijo podremos entender que ese mundo imaginario, tan sorprendente y creativo, es el más real para el niño... y que también nosotros estamos llamados a introducirnos en él.

Igualdad en el juego: ponte a su altura

El mejor modo de disfrutar con nuestros hijos jugando, ponernos realmente a su altura y entrar dentro de su mundo de fantasía, es dejándonos llevar por sus historias, interpretando los papeles que ellos mismos nos piden y, sobre todo, olvidando nuestro rígido rol de adultos y de padres controladores y exigentes.

En la vida diaria la relación entre padre e hijo es de exigencia y cumplimiento, pero en el juego, todos somos iguales. Debe ser más relajado y distendido, dejando que disfruten de aquellas ocasiones en las que, por medio del juego, aprovechan a cambiar los papeles y ser ellos los que tienen la batuta y marcar las normas.

Les encanta hacerse los mayores y hacer aquello que en la vida real no se les permite, simplemente, por la condición de ser niños. De ahí que su juego preferido sea el "juego simbólico", cocinitas, mamás y papás, profesores-alumnos...

Juega con tu hijo para conocerle

El juego es una estupenda herramienta para conocer a los hijos y educarles. Por medio del juego, podemos observarles y ver cómo reaccionan y actúan ante cada uno de los personajes que tratan de representar. Les encanta ser papá, mamá, su profesor... Es decir, sus modelos y figuras de referencia. Si vemos cómo se comportan podremos saber cómo nos comportamos nosotros. Son unos excelentes imitadores y, por tanto, el juego es un estupendo espejo en el que nos podemos ver reflejados a nosotros mismos.

Nos puede servir también para conocer cómo son sus relaciones sociales, qué papel ocupan en el grupo de iguales: posibles líderes o no, integrados en el grupo, retraídos, pasan desapercibidos... El juego también nos permitirá saber más acerca del papel que ocupan el resto de sus amigos y sus diferentes personalidades. No sólo conoceremos su grupo, sino también la importancia que éste o sus miembros tiene para nuestro hijo.

El juego nos puede trasladar al colegio y el aula, conocer más al profesor, las rutinas del aula, los compañeros de clase, actividades y asignaturas preferidas... Podemos descubrir sus intereses, gustos y preferencias. Así como sus miedos y preocupaciones.

Jugar para educar

A la vez que les conocemos mientras jugamos con ellos, también, podemos aprovechar para marcarles ciertas normas, es decir, para educarles. Es una herramienta muy interesante, puesto que ellos no se sienten exigidos ni controlados, como puede ocurrir en las situaciones cotidianas. Están en un ambiente divertido en el que, además, en la mayoría de las ocasiones, ellos son los adultos, por lo que son quienes marcan las pautas y normas, que pueden ser recomendadas por nosotros.

Pero no sólo a nosotros nos sirve el juego para conocerles y educarles. Ellos también sacan un partido muy importante de este precioso momento compartido con nosotros. Lo primero y más importante que obtienen es el disfrutar tiempo con nosotros. Hoy en día es un lujo para ellos poder contar con sus padres durante un tiempo, puesto que el tiempo es lo que falta constantemente.

Y, además, es un tiempo de calidad porque estamos con ellos única y exclusivamente sin distracciones. Cuentan con nosotros de manera divertida y relajada y conocen una parte de nosotros más cercana.

Las rutinas diarias nos impiden muchas veces mostrarnos tal y como somos puesto que tenemos que cumplir el papel de padre o madre. También podrán conocer qué cosas nos gustan, qué se nos da mejor o cuáles son nuestras limitaciones o debilidades.

Conchita Requero
Asesoramiento: María Campo Martínez. Directora de Escuelas Infantiles N-Clic Kimba

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