Actualizado 16/06/2021 14:14 CET

¿Qué hacer cuando nuestros hijos se pelean?

¿Debemos Intervenir En Las Peleas Entre Hermanos?
¿Debemos intervenir en las peleas entre hermanos? - ISTOCK

Cuando intervenimos para solucionar un conflicto entre niños/as, les estamos quitando la oportunidad de aprender a resolverlo por ellos mismos y con sus propios recursos.

La familia es el primer agente socializador en la vida de un/a niño/a, y representa el ambiente en el que se dan los primeros pasos del aprendizaje sobre los que reposará su personalidad. El papel y trato de esta será decisivo para que cada niño/a pueda participar de forma activa y autónoma en la sociedad.

Según el legado de la pedagoga italiana, Maria Montessori, el principal objetivo del niño/a en sus primeros años es conquistar su independencia. Ella divide el concepto de independencia en tres subtipos. La primera es la independencia física y biológica, con la que se adquieren capacidades como caminar, moverse, comer y vestirse de forma autónoma. La segunda es la independencia intelectual, en esta etapa se alcanza la capacidad para pensar y razonar por sí mismo. La última es la independencia social y emocional, con la que aprende a desenvolverse en la sociedad. Se alcanza plenamente entre los 12 y los 18 años, aunque se inicia antes.

La independencia social y emocional consiste, entre otras cosas, en aprender a comunicar las emociones y resolver desavenencias con el entorno. Son capacidades complejas que están en constante evolución a lo largo de la vida. Por ello, en las primeras etapas, un buen acompañamiento del adulto es sustancial, especialmente en la resolución de conflictos.

¿Por qué tendemos a intervenir en las peleas entre hermanos?

Cuando surgen peleas entre niños/as, el adulto tiende a intervenir queriendo, inconscientemente, imponer una solución rápida al conflicto. Lo que el/la niño/a interpreta como una falta de confianza en él/ella y se traduce, a la larga, en dificultades para poner en práctica sus propias herramientas resolutivas.

Cuando se interviene directamente se les está quitando la oportunidad de aprender a resolver por ellos/as mismos/as y con sus propios recursos y criterios. Según la Doctora Montessori, toda ayuda innecesaria es un obstáculo para el aprendizaje por lo que la situación sería la misma que para otra tarea como calzarse o vestirse.

¿Cómo intervenir y cuando?

En un principio, mantenerse al margen es la mejor opción: Observar la situación desde la distancia por si en algún momento piden ayuda.

Si el conflicto está generando mucha tensión y parece que no consiguen salir, está bien acercarse y sugerir con calma que la mejor forma de resolver los problemas es con las palabras, así como transmitir confianza en su capacidad para hacerlo. Se sabe que mostrar confianza en sus capacidades afecta positivamente a su autoestima.

Si el conflicto llegara a las manos, intervenir es una buena idea. De forma serena y respetuosa se recuerda que, aunque se esté muy enfadado, es mejor resolver los conflictos hablando. La función del adulto aquí será crear un espacio en el que puedan resolver el problema, desde el amor y la escucha, con sus propios recursos. A ser posible lo ideal es sentados y que puedan mirarse y tocarse en cualquier momento.

Es importante a partir de aquí dejar que se expresen, animar a que exterioricen sus emociones, recordarles que es importante que respeten los turnos de palabra, así como evitar a toda costa imponer una solución al problema.

De esta manera, se demuestra que se confía en ellos/as y se permite que aprendan de manera orgánica a relacionarse, a comunicar y a solucionar sus propios conflictos.

Según la edad que tengan, se recomienda adaptar estas directrices a su capacidad de compresión y gestión de emociones, especialmente con el vocabulario, los ejemplos y el tono que se usa.

A corto plazo, mejorará el ambiente y la convivencia en casa o en el aula. A largo plazo, los niños y niñas se desarrollarán como adultos empáticos y con capacidad para gestionar sus emociones, lo que repercutirá en relaciones personales, familiares y laborales más sanas y felices.

Marina Berrio
Asesoramiento: Montessori Canela Internacional