Juguetes personalizados para los niños: requisitos

Juguetes personalizados: uno para cada niño
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Cada niño es un mundo y no podemos tratarlos a todos por igual. Cada uno de nuestros hijos merece una atención distinta y por eso, las cuestiones que tenemos que tener en cuenta cuando vamos a regalarles un juguete por Navidad también son diferentes. No podemos creer que estamos ante el juguete perfecto solo porque sea un juguete seguro, educativo y divertido. Conviene decantarse por los juguetes personalizados. Detente a pensar cómo es tu hijo y ¡escoge despacio que crecen deprisa!

¿Qué es un juguete personalizado?

Llamamos juguetes personalizados a aquellos que tienen en cuenta el momento evolutivo del niño. No todos nuestros hijos crecen al mismo ritmo y no estamos hablando de un crecimiento físico sino psicológico. Algunos empiezan a interesarse por las nuevas tecnologías y los videojuegos a una edad más temprana de lo que es habitual. Otros, en cambio, alargan sus años de juego social. Más tarde nos detendremos en este.

Cuando vamos a una juguetería, no podemos, como padres, limitarnos a consultar el etiquetado de los juguetes para obtener información. Está claro que las condiciones de seguridad, si contiene piezas pequeñas, la edad recomendada y si se aconseja o no su uso bajo la supervisión o vigilancia de un adulto son cuestiones que hay que tener en cuenta. Pero tenemos que pensar, por ejemplo, que cuando el pequeño desempaquete  su nuevo osito de peluche, este pasará a llamarse Pipo porque a él le apetece que se llame así. Lo siguiente será cogerle cariño. Por eso no hay pensar en comprar juguetes para una edad sino en juguetes para Blanca, para Enrique o para Sofía. En esto incide la psicóloga especialista en Clínica Educativa, Patricia Ruíz, que asegura que "hay que prestar especial atención a las inquietudes que pueda tener el  niño en cada momento".

Requisitos del juguete personalizado

Requistos del juguete personalizado

Como padres corremos el riesgo de dejarnos llevar y sin quererlo escoger un juguete que no vaya acorde con los gustos de los pequeños sino ¡con los nuestros! Por eso, a la hora de pisar una juguetería tenemos que tener claro:

-   Cuál es el temperamento del niño. Si es enérgico, tímido, impulsivo, callado o charlatán.

-   Qué conducta suele adoptar cuando juega con los demás. Si tiene gran sentido de la rivalidad, si es solidario y si tiene buen perder, por ejemplo.

-   Cuáles son sus principales virtudes para ensalzarlas a través del juego.

-   Qué rasgos predominan en su carácter.

-   De qué manera podemos despertar su curiosidad.

-   Si es creativo o si no lo es y, en este último caso, cómo podemos conseguir que lo sea un poquito más.

Hay que buscar asimismo un juguete que se pueda compartir. Tiene que ser un juego que el niño pueda utilizar de forma autónoma pero no necesariamente solo. Así, cuando sus amigos vengan a casa no tendremos por qué sentarnos con ellos para explicarles cómo jugar, sino que serán capaces de comprender las instrucciones del juego y ponerse en marcha sin necesidad de indicarles nada. Quizá estéis pensando ahora el los clásicos juegos de mesa. No cabe duda de que estos son un buen regalo pero, ¿qué hay de los juegos sociales? Los hemos mencionado antes pero ¿sabemos exactamente lo qué son?

¿Qué son los juegos sociales?

Llamamos juegos sociales a aquellos en los que los niños representan situaciones de la vida cotidiana. Son muy importantes porque estimulan su imaginación y les ayudan a comprender distintos roles, rutinas y hábitos. Son, por tanto, juegos simbólicos cargados de aprendizaje en los que fingen ser mayores. Por citar algunos ejemplos, tenemos el clásico "papás y mamás" o el juego de "los médicos". Seguro que también has escuchado a tu hija decir alguna vez "vamos a  jugar a profes". Pues bien, todos esos juegos que se basan casi exclusivamente en la imaginación son los juegos sociales.

Son muy productivos y para hacerlos más atractivos, estas navidades puede ser una idea estupenda recurrir a los disfraces o las reproducciones en miniatura, como las cocinitas, los supermercados y los talleres mecánicos. Para comprar estas cosas, una vez más, no podemos dejar pasar que el juego tiene que ir acorde a su gusto, curiosidad y temperamento.

Para escoger el juguete perfecto solo hacen falta dos cosas

Las únicas dos cosas que se nos pueden exigir como padres en la elección del juguete perfecto son: sentido común y equilibrio. Igual que a unos niños les salen los dientes antes que a otros y de la misma manera que unos prefieren la leche sola y otros con cacao, así también hay juegos que se adaptan mejor a las necesidades y gustos de unos niños que a los de otros. No podemos pretender que a nuestro hijo le guste un determinado juguete por el hecho de que sea el más recomendado para su edad. Tenemos que guardar un equilibrio entre el proceso educativo que queremos llevar a cabo con todos nuestros hijos en general y su desarrollo evolutivo particular.

Elisa García

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