Actualizado 05/06/2020 12:08 CET

7 cosas que los niños pueden hacer para salvar el medio ambiente

Aprender a cuidar el medio ambiente en tiempos del coronavirus
Aprender a cuidar el medio ambiente en tiempos del coronavirus - ISTOCK

El efecto invernadero, la contaminación, el deterioro de la capa de ozono... En un mundo en el que las agresiones ambientales son un hecho habitual es prioritario tratar de educar en este ámbito a los más jóvenes de la casa. Sólo así estaremos asegurando la supervivencia de nuestro planeta y podremos salvar el medio ambiente.

Y para ello, nada mejor que instarles a realizar pequeñas actividades ecológicas. Aunque parezca mentira los niños pueden contribuir de muchas formas a la hora de evitar la degradación del medio ambiente.

Reciclar ciertos envases, el papel de periódicos y revistas que habitualmente leemos en casa, procurar no despilfarrar agua y energía en nuestros hogares... y ahora, sobre todo, con la pandemia de coronavirus, el correcto tratamiento de los plásticos y residuos sanitarios, son muchas las pequeñas tareas ecológicas que los niños pueden llevar y que nos permitirán crear en ellos una cierta concienciación para salvar el medio ambiente.

7 cosas prácticas para salvar el medio ambiente

Estas son algunas sugerencias que os proponemos y que los niños pueden hacer para salvar el medio ambiente pero, una vez metidos en materia, también los propios niños pueden proponer sus propias soluciones medioambientales.

1. Juguetes para toda vida

Los anuncios publicitarios nos invitan a comprar el mejor y más novedoso juguete cada año. El problema es que el material del que están elaborados estos juegos y juguetes no sale de las jugueterías sino de las entrañas de la Tierra. Por ello, siempre que compramos un juguete sofisticado, pero poco duradero nos sólo estamos introduciéndonos en la espiral del consumismo sino que, además, estamos creando basura.

Para evitar este despilfarro, cuando estemos en una juguetería y nuestros hijos vean algo que les guste, no lo dudemos: animémosles a que comprueben que está bien hecho. ¿Está elaborado con un plástico barato y cuyas piezas no resistirán nuestros envites? Pues que escojan otra pieza. Algunos juguetes duran muchísimos años. Este es el caso, por ejemplo, de las peonzas. En algunas excavaciones arqueológicas han aparecido peonzas de más de mil años de antigüedad que podemos contemplar en algunos de los museos más prestigiosos del mundo junto a otros juguetes igualmente duraderos.

2. Reciclar una y otra vez

La mayoría de las latas que utilizamos a diario están elaboradas a base de hierro y aluminio. Ambos elementos son básicos en la construcción de aviones, coches, bicicletas... Entonces, ¿por qué los desperdiciamos? Pensemos que si no colaboramos con el reciclaje llegará un día en que se agoten este tipo de yacimientos.

En otros países de nuestro entorno, se encuentran mucho más concienciados al respecto que nosotros. No sólo tienen contenedores para separar las latas de aluminio de las de hierro sino que, incluso, hay supermercados que por dejar tus latas de aluminio allí, te dan un vale que en caja te cambian por dinero.

Ya es hora de que toda la familia se apunte al reciclado. Para conseguirlo sólo tendremos que instar a nuestros hijos a preparar una caja en la que irán introduciendo las latas y bandejas que vayamos consumiendo en casa. No olvidemos que si están limpios, el papel de aluminio, las bandejitas de alimentos, las latas de conservas... pueden reciclarse.

3. No lo tires... ¡regálalo!

Existen muchas maneras de mimar a nuestro planeta Tierra. Una de ellas es evitar desprendernos de las cosas. Así, cuando nuestros hijos ya no utilizan ese o aquel juego, por ejemplo, en vez de tirarlo a la basura, ¿por qué no lo regalan? Pasando los juegos a otros niños no sólo estarán generando menos basura sino que, además, estarán ahorrando unos valiosos recursos.

Por eso, ahora que los niños van a empezar sus vacaciones no lo dudemos. Ayudémosles a revisar sus armarios o el trastero y busquemos todas esas cosas que hace siglos que no utilizan. Una vez que las tengan todas apiladas analicemos las opciones. Una de ellas puede ser donarlas a un hospital o a nuestra propia parroquia para que se las ofrezcan a niños que no tengan con qué jugar.

4. Mejor usar pinturas al agua o naturales

Cuando miramos hacia países menos desarrollados que el nuestro, nos encontramos con que, los niños, para hacer hermosas obras de arte no dudan en utilizar el jugo de las plantas, vegetales o frutas. De estos elementos de la naturaleza son capaces de obtener bellos colores. En cambio, en nuestro país, la mayoría de las ceras y rotuladores con los que trabajan los niños están elaborados con petróleo.

Por eso, antes de adquirir las próximas pinturas, debemos animar a nuestros hijos a que intenten comprobar que éstas se encuentran fabricadas con cera de abeja y no con petróleo. Instémosles, además, a que utilicen acuarelas naturales o, por lo menos, pinturas disueltas en agua. También pueden pintar y dibujar en papel reciclado. Es cierto que las láminas de color blanco son más bonitas pero al utilizar papel reciclado estarán evitando que se talen nuevos y valiosísimos árboles.

5. Abono natural

Poner en marcha nuevos experimentos siempre es una tarea divertida. Ahora que tenemos tiempo libre pensemos en lo que se hace en casa con los restos de comida... ¿Se tiran? Aunque parezca mentira, sin mucho esfuerzo, podemos ayudar en convertirlos otra en vez en tierra fértil, que más tarde podríamos usar, sin ir más lejos, para plantar algunas plantitas.

A esta tierra se la denomina compost. Para obtenerla no es necesario utilizar comida. También se puede conseguir con restos de hojas y recortes de césped. Es decir, con cualquier elemento que antes tuvo vida.

La manera más sencilla de elaborar compost es que nuestros hijos hagan un montón con hojas y césped recortado en un rincón del jardín de nuestra casa o del parque más cercano. En poco tiempo el montón se convertirá en abono.

6. Un pequeño investigador

Uno de los bienes más preciados de nuestro planeta es el agua. Entonces, ¿por qué la despilfarramos? Una de las formas más habituales de dicho despilfarro son los escapes de agua. Así que... ¡a investigar toca!

Para que nuestros hijos sean unos buenos investigadores de fugas de agua, primero tendremos que enseñarles a leer el contador del agua. Después, tendrán que esperar a que no haya nadie en casa o a cuando ninguno de los miembros de la familia esté utilizando los grifos. En ese preciso instante tendrán que anotar lo que marca el contador. Luego, al cabo de una hora, por ejemplo, volverán a estudiar el aparato y a comprobar sus cifras.Si éstas han variado no cabe duda de que en casa existe alguna pequeña fuga que habrá que reparar con urgencia.

7. Atención a los plásticos

Las bolsas y otros envoltorios de plástico que se suelen arrojar al mar matan a un millón de animales marinos por año. A menudo, estos animales creen que las bolsas y porquerías flotantes son comida, por lo que no dudan en tragárselas y se mueren. Este es el caso, por ejemplo, de las tortugas.

Los pájaros también tienen problemas con este tipo de materiales. A veces confunden pedacitos de plástico con comida y se asfixian al ingerirlos. Mentalicemos a nuestros hijos de que no deben arrojar basura en la playa, en los ríos, pantanos... ni en ningún otro lugar que no sea un contenedor destinado para ello. Y si se van a pescar... que no lancen nunca al mar el sedal roto, los pájaros podían enredarse en él y morir asfixiados.

La necesidad de hacer un consumo responsable para evitar desperdicios y reducir los efectos nocivos en el medio ambiente, ha motivado la organización de la campaña #ElMarEmpiezaAqui #ElRíoEmpiezaAquí Está dirigida a concienciar a la ciudadanía de que los guantes desechables y las mascarillas, que necesitamos utilizar obligatoriamente para evitar infecciones por la Covid-19, se conviertan en el nuevo «monstruo de las alcantarillas”. Siempre deben ir al contenedor de elementos no reciclables, nunca al suelo. Hay que tener muy en cuenta que, además de contaminar nuestras ciudades y medio ambiente, ponen en riesgo a las personas de los servicios esenciales.

Recuerda que a estas edades los chicos y chicas aún no comprenden conceptos tales como la degeneración de la capa de ozono o la desertización y sus efecto. Por ello, para “picar su curiosidad medioambiental” conviene echar mano de su entorno más próximo: el parque, sus juguetes, las latas que consumimos en casa... son elementos que ellos conocen, entienden y que nos ayudarán a introducirles en el reciclaje y la protección ambiental.

Irene Gutierrez
Asesoramiento: Luís Babiano. Gerente de AEOPAS (Asociación Española de Operadores Públicos de Abastecimiento y Saneamiento).

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