Dolor abdominal funcional, cuando la queja no la provoca una enfermedad

El dolor abdominal funcional no lo causa ninguna enfermedad
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La salud de los niños es un asunto muy difícil de abordar. Los padres casi deben convertirse en una enciclopedia médica para atender los problemas que pueden causar una queja en los más pequeños de la casa. Desde la cura de una herida causada por una caída, hasta el cuidado durante un enfermedad, o paliativos contra un dolor. Todas estas funciones deben ser asumidas por los progenitores.

En ocasiones, es difícil tratar estos problemas porque no hay ninguna causa aparente. Es el caso del dolor abdominal funcional, un trastorno digestivo que provoca malestar en los niños y que no está provocado por ninguna enfermedad o por algún otro problema médico. Esto no quiere decir que sea imaginario, se trata de una queja real que afecta al día a día de los más pequeños.

Origen y síntomas

Los mecanismos que provocan el dolor abdominal funcional no se conocen bien en la actualidad. Desde la Asociación Española de Pediatría, AEP, se señala que podría deberse a un incorrecto funcionamiento de las relaciones entre el sistema nervioso y el intestino. En la aparición de estas molestias influirían factores como la flora intestinal, el sistema inmunitario, situaciones estresantes, una mala regulación de los movimientos intestinales o una hipersensibilidad.

Pero si el origen del dolor abdominal funcional no está claro, los síntomas sí que están identificados por los profesionales. Estas molestias suelen localizarse dentro del abdomen y pueden ser intensas o suaves y continuas. No hay relación con las comidas o con las deposiciones. Los niños que tienen estas quejas suelen padecerlas al menos cuatro veces y durante un mínimo de dos meses.

Diagnóstico y tratamiento

Su diagnóstico se basa en una entrevista con la que identificar los síntomas y en la exploración física del niño. Dependiendo de los síntomas, en ocasiones se puede especificar un dolor abdominal funcional específico: síndrome de intestino irritable, dispesia funcional o migraña abdominal. Estos casos tienen un tratamiento distinto.

Durante la fase de diagnóstico es importante indagar sobre los acontecimientos estresantes que puedan actuar como causa del dolor. Estos deben ser analizados tanto dentro de la familia, donde habrá que observar los posibles conflictos con los padres o pérdida de un ser querido, o en el ámbito escolar (acoso escolar, dificultad con los estudios).

Desde AEP se señalan que existen otros síntomas que podrían revelar que el dolor no es funcional, sino que se origina por una enfermedad. Ridis estos signos deben intepretarse junto con el resto de datos:

-  Antecedentes familiares de enfermedad inflamatoria intestinal, celiaquía o úlcera digestiva

-  Dolor persistente en el lado derecho del abdomen

-  Dificultad o dolor al tragar

-  Vómitos persistentes

-  Sangre en las deposiciones

-  Diarrea por las noches

-  Inflamación de articulaciones

-  Lesiones alrededor del ano

-  Pérdida de peso

-  Estancamiento del crecimiento o del desarrollo de la pubertad

-  Fiebre de origen desconocido

El dolor abdominal funcional no suele mejorar con los analgésicos habituales como el paracetamol o el ibuprofeno. Es importante centrarse en los asuntos psicológicos, dando siempre la seguridad al niño de que no se trata de un problema grave, aunque puede ser molesto, y acompañándolo durante esta fase. Pueden ayudar medidas sencillas como un suave masaje o aplicando algo de calor en la zona dolorida.

Damián Montero

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